20090421

necesito de cuentos...para no dormir


Ficción
la inmensidad
personajes ¿inexistenes?
no quiero dormir
sólo contar aviones en el cielo
soñar con cuentos despiertos
vivos
¿me cuentas uno?


20090419

es bueno desayunar salmón con café







6.00 a.m despierto, viajo, a casa, le tengo miedo a viajar, demasiada gente, demasiada conexiones, indicaciones…me pierdo, acabo siempre encerrada, de rodillas. Pero debo hacerlo, tengo que hacerlo, el hombre siente la necesidad de pertenencia al grupo, el individualismo corrosivo oxida a veces nuestra alma y necesitamos de la oxigenación vinculada a nuestro pasado, el aire fresco del espacio y el tiempo quieto, el comienzo. No existe ningún documento material que recoja mi vuelo, un siempre código permite el cambio de país, tengo la suerte de hallarme en la Europa, en el occidente más occidental. Las fronteras geográficas han caído y el cielo se convierte en un lugar abierto…libertad de movimiento para aquellos que osan conocer.


Tomo café, herede una cafetera de una compañera que ya partió, aquí todos parten, yo también partiré, pero aún no es el momento, tengo que chupar más Francia, mamar más del país vecino. Y estoy contenta por ello, abro la nevera, una mini-nevera negra situada justo debajo de mis pies, ayer ofrecí mis alimentos perecederos a mi compañera de batallas, aquí se reparte todo, se vive en comunidad. Pero me quedé el salmón. Salmón para desayunar, el que no pude comer con él. Son trocitos de ilusiones, he aprendido que la felicidad no es más que eso, ilusionarse, pequeñas partes ahumadas de un todo que sólo se consiguen con un meticuloso proceso de elaboración interior, cortar y limpiar. Me vendrá bien alimentarme. He metido el salmón en mi boca, está jugoso.


La belleza está en las personas; en sus cuidados y detalles, puedo observar a una mujer durante horas si su pelo está suelto y luce un bonito pañuelo de seda comprando en Marsella; en sus desastres y decadencias, puedo mirar a una mujer durante horas si sus dientes son negros y su cuerpo está mutilado por ratas. Me encuentro en el aeropuerto de una compañía de bajo coste. Situado en la nada, en mitad de no se sabe donde, alambradas y algo de vegetación, idas y venidas de grupos heterogéneos, despedidas de solteros, grupos estudiantiles, parejas enamoradas, enfadadas, cansadas…


Pedacitos, primeros planos, un diminuto tatuaje bajo unas medias transparentes, tres estrellas junto a la rodilla derecha. Zapatitos turquesas, calcetines de lunares y falda de terciopelo azul, es una japonesa que se encuentra a una milésima de mí, ha llegado su pareja, ¿un catalán? Qué más da. Aún recuerdo cuando el turismo era eso, japoneses con su cámara en mano. Ahora el turismo lo es todo, fotografiar se vuelve una necesidad vital, la imagen controla nuestra existencia, somos lo que mostramos, lo que decoramos, lo que creamos.


Nos situamos en el puta centro de todo, damos vueltas sobre nosotros mismos, nos volvimos menos solidarios, menos respetuosos, monstruos mutilados que divagan frente a otros monstruos. No nos tocamos, nos observamos, hemos desarrollado la vista por encima de cualquier otro sentido, eso le viene bien al neocapitalismo, ventas exacerbadas de productos de cuidado personal, si el monstruo utiliza cremas exfoliantes es menos monstruo.